Dictado
b/v
El bisabuelo recibió con bastante amabilidad a su
bisnieto. Desde la vieja butaca observaba con benevolencia a su pequeño
microbio, como él le llamaba. Le ofrecía bizcochos y galletas de avena, que
eran su debilidad, inventaba historias absurdas y recitaba versos burlescos
para divertirlo. Incluso cambió el mobiliario de la biblioteca para que el
pequeño inválido, cuya movilidad era muy reducida, pudiera recibir allí sus
visitas. Sólo pensaba en su bienestar.
Esta actitud tuvo muchos beneficios para el joven, que, a pesar de que era
visto por sus compañeros como un chico débil, vago y rebelde, un imbécil que no
servía para nada, comenzó a cumplir con su deber convencido por el viejo, a
quien veneraba, y obtuvo varios sobresalientes en el bachillerato bilingüe.
Contribuyeron a este cambio las visitas de Sabina, una
vistosa joven de abundante cabellera rubia y ojos de color avellana, de
carácter reservado pero de gran sensibilidad. El joven reveló enseguida al
bisabuelo que la consideraba divina, así que el viejo, lleno de buena voluntad,
la convidaba habitualmente al aperitivo, y también a cenar a veces, pues había
buena visibilidad en la carretera que comunicaba su vivienda con el centro
urbano y ella nunca tuvo problemas serios a la vuelta, salvo una vez que un
rebaño de vacas se atravesó y obstaculizó la vía, y otra que no vio el badén y
le reventó una rueda.
Una noche en que se recibió el aviso de que llovería abundantemente, ella tuvo
que abandonar la idea de aventurarse a conducir por aquella carretera de curvas
bajo las aguas turbias de la rabiosa tormenta. Obviamente, fue invitada a
dormir por el bisabuelo, quien, al abandonar la habitación para revisar las
ventanas, adivinó, como sabio que era, que él ya no tenía cabida en aquella
velada improvisada por el azar. El joven se puso nervioso, se ruborizó y, con
una voz que parecía un rebuzno, le dijo que ella había devuelto la belleza a su
vida vacía, pero no se atrevió a dar el paso definitivo. Ella le devolvió el
valor con un suave y provocativo beso que le hizo vibrar, y fue entonces cuando
él, libre ya de las trabas de la vergüenza, le pidió que fuera su novia.